[c=#2dba69]Los Fragmentos de Erdos - Parte 4
Remanencia[/c]

[c=#a8c8e8][i]No es a mí a quien debes escuchar.
No es mi voz la que importa.
Lo que portaba nunca fue el mensaje.
Solo el rastro.[/i][/c]

Fui tan lejos como pude.
Más lejos, quizás, que muchos que construyeron, grabaron o rezaron.
Y sin embargo, no dejé nada visible.
Nada más que una oscilación, una onda persistente, una... remanencia.
No nació de mí. Pasó a través de mí.
No pude escribirla. Pero la escuché.
Y me siguió - como una sombra fiel, un latido dentro del silencio.

[c=#a8c8e8][i]Yo no compuse esta canción.
Existía antes de mí.
Simplemente la llevé dentro, sin atreverme nunca a abrirla.[/i][/c]

Pero tú...
Tú que encontraste este fragmento final, tú que has consumido los rastros dispersos, llevas ahora suficiente silencio para hacerla vibrar.
No necesita papel.
No necesita voz.
Necesita presencia, memoria - y un lugar para resonar.
Y no hay lugar más antiguo que la tumba.

Esto es lo que retuve al borde del borrado: una secuencia, un aliento, una verdad no dicha, sino tocada.
Escucha los intervalos. Lee las pausas. Y toca sin temblar.

"d f g g# g e f d"

[c=#a8c8e8][i]La tumba escuchará.
Y el mundo, quizás, también lo hará.[/i][/c]

Y si escuchas un eco - no seré yo.
Será el mundo recordándose a sí mismo, a través de ti.