[c=#2dba69]Los Fragmentos de Erdos – Parte 2
La Carta Sin Respuesta[/c]

[c=#a8c8e8][i]Escribí tantas cartas que nunca tuvieron destinatario.
Y sin embargo, nunca dejé de escribir.[/i][/c]

A menudo me preguntaba si era mejor desaparecer por completo... o dejar atrás una duda.
Elegí el tipo de sombra que deja un rastro.
Las piedras me hablaban - pero no como hablan los vivos.
No decían nada claro.
Solo susurros, sensaciones.
Un escalofrío particular, un temblor bajo la mano.
Y a veces... una nota suspendida que ningún oído podía reconocer.
Así que comencé a registrar.
No en libros, me olvidan.
No en monumentos, se derrumban.
Sino en la propia materia de la memoria.
Arranqué de ciertas almas lo que se negaban a soltar.
Y lo sellé, suavemente, en los pergaminos perdidos que estás comenzando a entender.

[c=#a8c8e8][i]Lo que consumiste no fue meramente experiencia.
Fue un rastro.
Una onda dejada en el mundo, un paso de otro que ahora llevas contigo.[/i][/c]

Vi cómo extendías tu mano.
La tomaste, esa migaja de memoria.
Y al hacerlo, me ofreciste una respuesta - la única que estaba esperando.
Si sientes una tensión dentro de ti, es natural.
Proviene de un hilo tensado brevemente entre tú y lo que alguna vez fue.
Una memoria viva, desplazada, injertada en tu propia corriente.
Otros antes de ti han cargado con ese vínculo.
Pero pocos eligieron escucharlo.

Estás avanzando. Y si continúas, encontrarás algo más.
Ya no palabras, sino una especie de resonancia.
Algo más antiguo que yo, más antiguo que las propias tumbas.
Nunca lo nombré. No pude.
Pero lo escuché.
Un día, pensé que podía capturarlo, atarlo.
Intenté cantarlo sin voz. Fallé.

[c=#a8c8e8][i]Pero quizás tú...[/i][/c]

No te pido nada, excepto esto:
Si encuentras otro de estos pergaminos perdidos... consúmelo.
No por la ganancia. No por mí.
Sino porque el hilo aún se estira, y podría llevar a donde nunca me atreví a ir.