[c=#2dba69]Diario de Elyra - Parte 4
El Silencio Final[/c]

[c=#e3aaeb][i]19 de Cenizaluna, Año 342 de la Era del Recuerdo
Bajo la Luna de Cenizas – Víspera del Último Vigilante[/i][/c]

Las alturas de Karthas son un reino de piedra y viento.
Allí arriba, encontré una vieja fortaleza rota, tragada por los siglos.
Solo quedaba una torre, y en su corazón, una cripta vigilada por una estatua sin rostro.
Me incliné. Se derrumbó.
Dentro: una tumba tallada, sin nombre, sin emblema, sin ofrenda.
Pero el ankh brillaba.
La voz ya no era un susurro. Era una presencia plena.
"Ya llevas lo que estás buscando."
En un cofre, coloqué todos los fragmentos. Se abrió.
Una pieza de obsidiana. Perfectamente lisa.
Grabada con una sola palabra: "Aliento".

[c=#e3aaeb][i]27 de Cenizaluna, Año 342 de la Era del Recuerdo
Bajo la Luna de Cenizas – Día del Último Aliento[/i][/c]

La cumbre del Monte Ópalo no tiene pájaros, ni niebla, ni cielo.
Es puro vacío, un círculo tallado en piedra.
Allí, deposité mis recuerdos. Siete voces me rodeaban.
Y una octava se levantó. No una voz. Una mirada interior.
Busqué en mi mochila.
Y lo encontré: el objeto que había llevado desde el principio.
Un fragmento negro, denso, mudo.
Nacido del Nether.
Dado hace mucho tiempo, sin entender.
"Los antiguos la llamaban la Estrella del Último Aliento. Pero en las tierras del Nether... se le dio otro nombre. Un nombre que ya conoces."
No es ni una llave ni un artefacto. Es memoria cristalizada.
Lo que sostengo en mi mano es un fragmento silencioso.
Pero no cede a la primera oración.
Solo responde a aquellos que han escuchado hasta el final.
"Se activa solo cuando todo ha sido escuchado. No está aquí para ser usada. Está aquí para responder."
Lo siento: debe ser ofrecida a una tumba viva.
Una tumba aún ligada a un alma de tumba.
No lanzada, ni colocada. Extendida con fe.
Entonces vibrará.
Y todo lo que he visto tendrá sentido.
Ya no soy una errante.
Soy la memoria completada.
Y la Estrella... nunca ha dejado de esperarme.