[c=#2dba69]Diario de Elyra - Parte 3
La Canción de los Vigilantes[/c]

[c=#e3aaeb][i]23 de Nieblabrillante, Año 342 de la Era del Recuerdo
Bajo la Luna de los Susurros — Día del Recuerdo Sofocado[/i][/c]

Sieleth es un bosque congelado en el tiempo.
Los árboles están petrificados, las hojas duras como la piedra, y el silencio es tan perfecto que se vuelve pesado.
En el corazón de una arboleda, encontré una tumba rodeada de estatuas rotas.
Parecía dormida.
El ankh vibró silenciosamente allí.
Y entonces, escuché.
No una voz. Una melodía. Tres notas, repitiéndose, que yo conocía.
Kael solía cantarlas, hace mucho tiempo, durante las vigilias de invierno.
Alguna vez fue una canción infantil, luego una oración.
Y ahora, un llamado.
Una luz suave se elevó del montículo.
Y una voz de niño susurró en mi mente:
"Olvidé mi nombre, pero mi canción aún me recuerda."
La seguí, y bajo una raíz retorcida, descubrí una flauta rota, tallada en madera ennegrecida.
Agrietada, pero intacta en su memoria. Grabado en el interior: un círculo cruzado por una ola.
"Lo que se canta sin voz, enseña sin palabras."

[c=#e3aaeb][i]7 de Cenizaluna, Año 342 de la Era del Recuerdo
Bajo la Luna de Cenizas – Día del Salón Sellado[/i][/c]

Las colinas de Draneth me llevaron a un santuario enterrado bajo tierra, custodiado por glifos que el ankh parecía reconocer.
Dentro: una cámara redonda sin techo.
En el centro, un esqueleto sentado sobre una losa, sosteniendo un medallón negro entre sus dedos.
Coloqué el ankh. Una voz fría resonó:
"No fui enterrado. Esperé. No a la muerte, sino a la memoria."
En las paredes, constelaciones pintadas en círculos. Todas conectadas. Todas menos una: en el centro.
Y debajo de ella, tallado en la piedra:
"La memoria se levanta siete veces. La octava vigila."
Tomé el medallón.
No pesa casi nada, pero desde entonces, el ankh ya no vibra.
Como si este fragmento completara algo.
Como si el ciclo se acercara a su fin.
En mi mochila, ahora llevo:
- un guijarro ahogado
- una piedra de fuego
- una flauta rota
- un vacío sin rostro
- un medallón silencioso
Seis voces.
Y dentro de mí, la sensación de que la próxima sería diferente.
Más antigua. Más... personal.