[c=#2dba69]Diario de Elyra - Parte 1
El Aliento Despertado[/c]

[c=#e3aaeb][i]3 de Sombrevelo, Año 342 de la Era del Recuerdo
Bajo la Luna de los Velos - Día del Velo Silencioso[/i][/c]

Habían pasado diez años desde la última vez que caminé por las piedras de Éstranor.
Y sin embargo, me habían esperado.
La niebla aferrada a las lápidas parecía reconocerme, como si el cementerio mismo recordara mi nombre.
Kael se me había aparecido aquí la última vez, y hoy, era él quien me llamaba.
Su recuerdo, más fuerte que el viento, pulsaba en el ankh que llevaba alrededor de mi cuello.
No sabía lo que estaba buscando, solo que estaba lista para escuchar.
Al pie de la tumba desgastada, me arrodillé.
El ankh reaccionó como nunca antes: se calentó en mi palma, suavemente, como un corazón despertando.
Entonces una luz emergió de la piedra. Tenue. Azulada. Un alma de tumba. La primera.
"Viniste. El vínculo no está roto."
Habló de un aliento. No de un objeto, ni de un nombre. Sino de una esencia.
Y dijo esto:
"Habrá ocho. Ocho alientos. Ocho verdades. Ocho silencios."

[c=#e3aaeb][i]15 de Sombrevelo, Año 342 de la Era del Recuerdo
Bajo la Luna de los Velos - Día de los Pantanos Negros[/i][/c]

Descendí a los pantanos de Narthol.
Aquí, el agua no refleja nada. Las raíces se retuercen como huesos.
Encontré una tumba medio sumergida sin nombre, al borde de un árbol hueco.
Cuando coloqué el ankh allí, la niebla respondió.
Y dentro de esa niebla, un brillo. Una voz femenina, como un aliento contenido.
"Soy la que el agua olvidó. Pero mi memoria se levanta."
Un bote. Una silueta. Y en sus manos: un fragmento. Denso. Negro. Inerte. Luego el agua. El silencio.
Cuando la visión se desvaneció, solo quedaba una piedra negra, lisa y fría, en el barro.
"Lo que se hunde no muere. Espera."
La recogí sin entender.
Pero esta piedra vibra. No como el ankh, no. Más sutilmente.
Como si algo durmiera dentro de ella, retenido, esperando ser llamado.
Siento que no era solo un objeto.
Era un rastro de memoria, tan tangible como el silencio de Kael.
Y en ese momento, entendí: lo que persigo no es algo para forjar ni para encontrar.
Es un eco para reunir.
Dos alientos me acompañan ahora.
Aún no sé lo que busco, pero sé esto: la muerte no es silenciosa. Las tumbas hablan.
Solo tienes que escuchar de manera diferente. Y yo... yo las escucho.