[c=#2dba69]El Cántico del Coral – Parte 4
El Sello Sumergido[/c]

[c=#e3aaeb][i]El cuaderno estaba protegido por una fina placa de concha, sellada con arena endurecida.
No esperaba ser leído. Esperaba ser escuchado.[/i][/c]

Cuando el fragmento final regresó a su lugar,
el Aliento se volvió más denso.
El agua ya no presionaba contra ti.
Te aceptaba.

El Vigilante lo había sabido.
No bastaba con reparar.
El todo debía ser afinado.
Los fragmentos reunidos para que la memoria pudiera convertirse en una canción completa.
Y cuando esa canción estuvo completa,
la flauta vibró en sus manos.
Ya no producía los mismos sonidos.
Estaba llamando.

Entonces se paró ante una tumba intacta,
en la frontera entre la arena y el mar.
Tocó—no para despertar,
sino para sellar lo que había restaurado.

La canción era diferente.
Más profunda.
Más antigua.
Y esto es lo que tocó:
e g a g f e d c

Entonces, la tumba se abrió por un momento.
No para revelar un secreto.
Sino para afirmar un vínculo.
Su aliento se volvió más profundo.
Sus movimientos más fluidos bajo el agua.
Y el mundo,
menos hostil.

No había ganado un poder.
Había restaurado una armonía.
Y ahora, tú sabes cómo cantarla.